Ya me había acostumbrado al silencio,
a dejar que los días pasaran sin preguntar.
Había hecho las paces con el tiempo,
pensando que algunas historias no vuelven a empezar.
Y entonces apareciste sin hacer ruido,
con el viento jugando entre tu pelo.
Tenías esa forma tan sencilla de existir...
que hizo parecer fácil lo imposible
No sé qué fue de ti,
si fue tu risa o la manera de mirar.
Pero hubo algo que el corazón entendió
antes de que lo pudiera explicar.
Y ahora vuelves en cada canción,
en cada calle, en cada atardecer.
Quién diría que un instante tan pequeño
iba a enseñarme otra vez a creer.
Porque el destino nunca pide permiso,
solo aparece cuando deja de doler.
Y llegaste tú...
justo donde no buscaba encontrar a alguien.